lunes, 16 de octubre de 2017

ME ACUERDO, YO/ 1 ensayo biográfico







         Me acuerdo que la población que quedaba al lado de la mía tenía un número, se llamaba los 600. Después supe que no tenía 600 casas, ni mucho menos. Eran extrañas estas casas, o al menos el contraste con las nuestras, que eran de dos pisos, pareadas, con forma de caja de fósforo. Las vecinas, en cambio, eran tipo le corbusier, de blanco enteras, de un piso y muy amplias. Era cosa de cruzar la calle y cambiar de estilo. 

           Nunca me aventuré mucho en esa población. Un amigo mío vivía en ella, pero en una casa cercana a la mía. Jugábamos Nintendo 64.

         600, 64, mi apellido es 10. Hay algo raro en mi relación con los números. Pero bueno, eso es otra cosa.

         Me acuerdo que con mis primas íbamos por ahí andando en bici, cantando canciones obscenas y que no pasábamos de una cuadra, lo que venía después era un completo misterio. 

            Fue un día, ya mayor, viviendo en Santiago, que soñé con esa población, esa villa digámosle mejor, la mía era una pobla, entre comillas, pues las casas en Chuquicamata –con la excepción, quizás, de la población Los hundidos (qué nombre)― eran medianamente de buena hechura, patrimonio dejado allí por los gringos que fundaron ese pueblo.
         
           En el sueño me adentraba con unos amigos más allá de los límites conocidos y allí encontraba un desierto pero no de arena, sino de restos industriales, cáscaras de camiones, motores a la intemperie, cables como serpientes, restos limpios de máquinas, y más allá aún encontraba una micro abandonada, era verde con cortinas azules, acondicionada para vivir. 
         
          ¿Quién vivía allí? no había nadie. Supuse que su morador había salido y que volvería dentro de poco, pero eso en el sueño era lo de menos. Algo me provocaba terror, quizás el puro hecho de ir más allá de lo conocido.
       
           Conocido en mi infancia, precisaría. Con el norte (el norte es el desierto, para quienes viven en Chile) tengo una relación rarísima, basada ante todo en la imagen del padre.
         
            Creo haber compuesto un poema, hace algunos meses, que resumiría un poco mi evocación de aquellos años.

per saécula saeculorum
por los siglos de los siglos

mi padre me dijo
eso dura siglos y siglos

eso qué, le pregunté

por encima nuestro
volaban pelícanos

un techo de malla
azul a rayas blancas

una alfombra de arena
y una lamparilla
que es el sol





lunes, 9 de octubre de 2017

POETA MEDIOCRE/ 1 poe







dice de sí: soy un poeta mediocre,
ve una cara en la canasta de la ropa sucia
―la arquitectura está salpicada,
se puede ver de todo―
figuras tribales en la rejilla del lavaplatos,
lunas menguantes diseminadas

son uñas de futbolistas nenes
universitarios come arroz cuyo
precioso viático han consumido
de pronto, la primera semana
del mes, por las noches
a diez vasos por hora

el poeta mediocre es el objeto
que se quiebra al caer de su repisa
como si la imagen sacra
lo hiciera desde su altar
―un plano en caída libre―
jesucristos de porcelana
virgenmarías de yeso pobre

luego un fuego artificial
o una mota de talco
estampada como una hiedra
en un flexit de figuras islámicas





jueves, 28 de septiembre de 2017

MAINLANDER MUERE/ 1 relato






Es 31 de marzo de 1876. El filósofo alemán Philipp Batz contempla no sin admiración la portada del primer ejemplar de su primera obra. Acaricia el lomo plomizo de género, escucha cantar a un canario. Apenas tiene 34 años. Camina con la displicencia que lo caracteriza por el empedrado que lo conduce a su casa. De una mano le cuelga un abultado maletín con varios ejemplares de su libro. Toma asiento en el comedor, enciende su pipa con el mismo tabaco renegrecido de la pasada noche. Expulsa unas volutas amplias y grises como sus libros. Acerca algunas hojas dispersas sobre la mesa y revisa sus apuntes. Odia su caligrafía que ha ido tomando, con el tiempo, los contornos y ondulaciones de la caligrafía árabe. Entra a su estudio en penumbras y escudriña a tientas en un cajón. Da con un cuaderno de su adolescencia, la letra es timbrada, negra y locuaz. Siente una ridícula nostalgia. En un gesto, que aparenta revisar de reojo, pasa velozmente las páginas y se detiene en una al azar.
         Lee lo siguiente:

febrero de 1860. Entré en una librería y le eché un vistazo a los libros frescos llegados de Leipzig. Ahí encontré El Mundo como Voluntad y Representación de un tal Schopenhauer, pero ¿Quién era Schopenhauer? El nombre nunca lo había oído hasta entonces. Hojeo la obra, leo sobre la negación de la voluntad de vivir y me encuentro con numerosas citas conocidas en un texto que me hace preso de sueños.[1] 

Luego de una panorámica absorta a su casa, cierra el cuaderno. A eso de las 7 toma un baño, se prepara comida y se la lleva a su habitación, junto con un libro de Kierkegaard.
         Lee a la luz de una bujía.
         Cerca de la media noche se levanta, va a la cocina a buscar su maletín.
         Apila los libros como una torre irregular a un costado de su camarote. Coge un lazo que cuelga del techo y se lo ata al cuello. De la cama se encarama a la pila de libros y, sin preámbulos, los deja derrumbarse



[1] Von Verwesen der Welt und anderen Restposten, Leipzig: Edition Sonderwege bei Manuscriptum.






martes, 26 de septiembre de 2017

VÉRTEBRA/ 1 poe








cómo se difumina
la idea
de pronto

de la jeta
al dorso

baja por el cuello
del coxal
directo
a la vértebra

llega al coxis

explota




martes, 19 de septiembre de 2017

PSICOANÁLISIS DIFERIDO DEL POETA ARANGO





         Muchos años pasaron hasta que supe que Arango se había matado tan solo tres años después desde aquella primera lectura, en el 76´. El motivo, aunque esto no esté del todo comprobado, fue que su madre se había casado por tercera vez, pero ahora con un miembro de la generación del 38´, o sea, escritor igual que él. Este hecho lo sumió en una depresión desproporcionada que lo dejó tan incongruente y radical que decidió meter la cabeza en el horno, como la Plath. No estoy seguro de que él haya manejado esta información, la Plath se había suicidado en el 63´, pero no fue una poeta leída ni estudiada sino hasta el 84’. 
      Por lo que tengo entendido, releyendo al psicoanalista francés André Green, las muertes voluntarias de estas características (otra es la de morir ahogado en el agua, de la que es conocida, por ejemplo, la de Virginia Woolf que se sumergió en el río hasta que el agua le llegara hasta la coronilla) manifiestan un signo peculiar que ordinariamente se analiza a partir del hecho de la asfixia, pero que más bien contienen como factor común, lo que se dice en el psicoanálisis, el impulso inconsciente del retorno a la matriz. Ahora, aprovechando los dos ejemplos citados (Plath, Woolf) se podría dar una explicación comparada más acabada sobre la simbología de ambos suicidios. En el caso de Arango, el horno, dadas sus características tanto físicas (cavidad) como utilitarias (dar calor), se entienden metafóricamente como propias del útero materno. En el caso de V. Woolf, el signo es genérico: el mar o el río como arquetipo esencial de la Madre, y en concreto, de hecho, de la matriz misma.

         Sea dicho que ignoro las circunstancias emocionales concretas que llevaron a Sylvia Plath al suicidio, con morbo me contenté con conocer la forma en que se había suicidado, es decir, el relato de su muerte. Para el caso de Arango, en cambio, después de haber estudiado su perfil psicológico, el hecho es más que evidente: un nudo edípico con trastorno psicótico consecuencia de la pérdida afectiva y sexual de la madre (el padre está muerto), quien realiza ―en la primera etapa adulta del poeta― una sustitución erótico-filial del hijo por otro hombre. Se vuelve a casar, esta vez con un escritor de derecha, lo que genera en Arango, un convencido revolucionario, un desencanto que se transfigura en el impulso incontenible de volver a la madre y, para más exageración, poseerla introduciéndose en ella emulando una violación. Simbólicamente la cabeza representa el pene, como también el contenedor del intelecto, ese espacio donde se libra la competencia salvaje con ese otro hombre, ajeno, pero como él mismo: hombre de letras. Este otro hombre, el objeto de su impotencia, no contento con plantearse superior como escritor, lo hace también con sus logros sexuales, pues es él quien se fornica a su madre, el objeto de deseo. Por lo tanto, el impulso erótico básico y persistente del complejo de Edipo decanta en tanático, y el éxtasis ―y por fin, el objetivo: ilusión perversa e infantil― en la Muerte.



miércoles, 30 de agosto de 2017

HOY DOS POETAS VIENEN A LA LIBRE/ 1 poema endecasilaboso









dos poetas pisan hoy la libre
uno en negro, el otro en blanco irradian
garúa, mármol, rayos equis, polen
aquel me presta dos libritos raros
poemas reunidos de j saenz
un ensayo lírico de la ollé
el otro, además de un ojo entintado
(practica boxeo) me pasa su kindle
para cargarle material demente
1 me abraza y se muestra nervioso
2 me da la mano como un tentáculo
o una navaja suiza de tendones
y gesticula un español patiperro
1 lleva una alfombra por bigote
el segundo se afeita por completo
a) es color marrón y fuego campestre
b) de un azuloso con fondo plata
a) escribe con la guata, el dos con piel
alfa me trae un libro eléctrico, omega
dos libros húmedos, de olor fuertísimo
baco usa lentes gruesos, atigrados
apolo unas gafas tipo thelonius
y se le va un ojo             clara me parla
sobre los artefactos duchampianos
la yema tantea vender su libro
a un lector fiel de garcía márquez
el azul me pide un favor, al rojo
se lo ofrezco, y me dice no, que tranqui,
que la noche es joven y que los libros
ya no se compran en las librerías,
sino que en los portales de internet
dos de los poetas fundamentales
de su generación están hoy aquí
rojo habla de los libros que saldrán
a la calle con su nombre, azulino
palpa los libros del mesón, murmura
oh williams qué exquisito qué exquisito
uno me lleva fuera de mi metro
cuadrado, bien lejos de mi trabajo,
dos persiste en su sitio, respirando
me visitan poetas, el tinto y el blanco
cebada alba, ama el fermento de trigo,
el tinto cree adulto el beber vino
el bizco decreta la primacía
de la imagen; el miope de la víscera
y el readymade; don bizco es concreto,
de textura, corpóreo, de piel
miopía arma condominios verbales,
el flaco tiende a enflaquecerse más
que el robusto holgazán y sedentario
ying lleva bufanda, yang un pañuelo,
ambos cubren su cuello, son delicados
con lírico me emborracho y doy jugo
con prosodia me río a carcajadas
zampándonos una merluza al horno
ninguno tira lihneas ni larea
ni párrico o nerúdico, mistraliano,
huidobriano, quizás; aunque sí creo
que uno es variniano y el otro olsoniano,
o theniano, si sigo con muchachas
samurai parece surcar el aire
niño baila a solas en una disco
el tornillo rueda y me enseña, en tanto
tuerca, quieta, aparente, me desaprende
el sensei ama a su mujer y a su niño
el alguacil a su madre, papá no hay
yo labura de poeta, ello boxea
estiman a zurita, aunque a su modo
groucho me pide un vaso; harpo, nombres.
los dos extremos me visitan hoy,
son el yin y el yang a pata y con bolsos
iluminan la libre con destellos
de sapos, koyaks y cinematógrafos
sólido me exhibe su ojo morado
gaseoso me abraza algo nervioso
dos poetas de esa generación
el norte y el sur, un polo y el otro polo,
el blanco y el negro, el azulino y el rojo,
cilindro y pirámide, el ojo y tripa,
velludo y desvelado, homo y el hetero,
bototo y zapatilla, clara y yema,
el clavo y la madera, lo uno y lo otro
vienen a la librería y no se hallan










martes, 22 de agosto de 2017

LUNES/ 1 poema






un lunes por la mañana
la calma no es vituperio
del gentío    al contrario,
pareciera todo refractarse
como las llamas recién encendidas
de un fogón con gas oil

parte el día así: gente prístina,
limpia, con la cobertura de su piel
ausente total de cebo, por acción
de ese otro cebo, el jabón de ducha
líquido o en barras, adormilados a pesar
de las gotas que humectaron sus sensores
faciales, el cableado que va de la epidermis
a los núcleos nerviosos del cerebro,

un café de mano, portátil, caution is hot,
agua en pocas ocasiones, soft gas,
multitud de orejas taponeadas
con audífonos de colores vistosos,
la ropa señera, recién planchada,
restriega hombros, codos, costillas,
borde curvo del ombligo, pezón,
bocas de chicle, en general sabor fresa,
bracean la multitud en las estaciones,
a la espera, genuflectos,
al borde de la línea amarilla

del metro tren sonámbulo